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- ¡Es increíble! -exclamó Bella cuando se dio cuenta de que los antiguos sirvientes se habían transformado en una familia de objetos. La señora Potts, la tetera, y su hijo Chip, la taza, hicieron que se encontrara a gusto cuando le dieron una cálida bienvenida. -Todo volverá a la normalidad, ya lo verás -la tranquilizó la señora Potts. Mientras, la Bestia estaba muy inquieto. La hechicera que le había transformado de apuesto príncipe a espantosa bestia, le había advertido que debía aprender a amar y ser amado antes de que una rosa que le había dado perdiera su último pétalo, pero la rosa se iba consumiendo sin que nada sucediera.
La verdad es que la Bestia había perdido todas las esperanzas hasta que llegó Bella. Ahora tenía miedo de que ella sólo le viera como un monstruo. -Es tan guapa, y yo...¡Miradme! -gritó a sus criados. -Tienes que ayudarla a ver más allá -le aconsejó la señora Potts. La tetera y Lumier, un simpático candelabro, le sugirieron que se comportara como un caballero, que le hiciera cumplidos, que fuera tierno y sincero con ella. -Y sobre todo -le dijeron-, ¡controla tu mal genio! La Bestia intentó ser educado cuando pidió a Bella que se reuniera con él para cenar, pues estaba acostumbrado a dar órdenes y ser obedecido, pero cuando Bella rechazó su invitación, estalló, furioso: -Si no cena conmigo, ¡no cenará! -rugió. A pesar de las órdenes de su amo, la señora Potts no estaba dispuesta a dejar a Bella sin cenar y organizó un fantástico festín, con la ayuda de Lumier. El candelabro decidió representar una función: los objetos de plata y porcelana se pusieron a bailar mientras todos cantaban: -¡Eres nuestra invitada! -¡Es maravilloso! -exclamó Bella, aplaudiendo feliz.
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