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Los pájaros se pusieron a cantar y la joven se unió a ellos. Cantar siempre le hacía sentirse mejor. Entonces Blancanieves preguntó a los animales si conocían un lugar donde pudiera refugiarse y la condujeron a un claro donde había una preciosa y agradable casita. Cuando Blancanieves entró no había nadie en la casa. El interior estaba muy sucio: había montones de platos en el fregadero y la ropa tirada por el suelo. Entonces Blancanieves contó las sillitas que había alrededor de la mesa y pensó que en la casita vivían siete niños abandonados.
"Qué nombres tan extraños para unos niños", pensó, pero como las camas parecían cómodas y estaba muy cansada, se acostó sobre tres de los pequeños colchones, los pájaros la taparon con una manta y se durmió.
Estaban dispuestos a atacarle cuando Blancanieves empezó a despertarse. Sorprendido, contemplaron a la bella muchacha. -Es un ángel -suspiró Romántico, aunque Gruñón no pensaba lo mismo. -Las mujeres son un veneno -dijo. Asustados, se escondieron detrás de la cama. La princesa también se asustó al ver cómo la miraban desde los pies de la cama. -¡Sois unos hombres pequeños! -exclamó, feliz.
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