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Ariel contempló amorosamente al hombre que había rescatado. Aunque su padre le había prohibido nadar por la superficie, la aventurera sirenita no podía evitar desear formar parte del mundo de los humanos. El príncipe Eric yacía inconsciente y ella le acarició la cara con cariño. ¡Era tan apuesto!

Ariel deseó con todo su corazón poder quedarse en la playa y bailar con el hombre de sus sueños.

-¿Qué podría ofrecer para quedarme aquí junto a ti? -cantó-. ¿Qué podría hacer para verte sonreír?

La sirenita estaba totalmente decidida a encontrar el camino...

Sebastián, el amigo de confianza de su padre, intentó con todas sus fuerzas convencer a Ariel de que sería mucho más feliz en el fondo del mar. El rey Tritón quería que vigilara a su  hija y Sebastián no quería decepcionarle.

-Aquí abajo está tu casa -dijo a Ariel, pero no lograba que la joven comprendiera las maravillas del océano, pues la sirenita estaba enamorada.

Sólo Flounder, su mejor amigo, la entendía.

Encontró una estatua del príncipe, que se había hundido en el naufragio, y con ella dio una gran sorpresa a Ariel.

-¡Flounder, eres el mejor! -exclamó la sirenita-. ¡Es igual qué él!

En el momento en que Ariel empezaba a imaginar una romántica escena con Eric, el Rey Tritón apareció en su gruta secreta.

Al ver su colección de objetos del "bárbaro" mundo de  arriba, alzó su tridente y destruyó los tesoros de Ariel, en un último intento de protegerla de los peligros del mundo de los humanos.

Muy enfadada, Ariel buscó la ayuda de Úrsula, la Bruja del Mar. A cambio de su voz, Úrsula transformó su cola en dos bonitas piernas. Seguiría siendo humana sólo si recibía un beso de verdadero amor antes de que se pusiera el sol al tercer día.

Feliz de ser humana al fin, Ariel se puso a mover los pies mientras Sebastián la miraba horrorizado.

-Ahora mismo voy al fondo del mar a contárselo al Rey -dijo, pero cuando vio la tristeza en los ojos de Ariel, comprendió que la joven nunca sería feliz como sirena-. De acuerdo -decidió-, te ayudaré a encontrar a tu príncipe.

Scuttle, su amigo gaviota, muy emocionado, le arregló un vestido, y poco después llegó el príncipe Eric, que se quedó boquiabierto al verla tan bella.

 

 

La biblioteca de Bella

 

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