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La sirenita estaba totalmente decidida a encontrar el camino... Sebastián, el amigo de confianza de su padre, intentó con todas sus fuerzas convencer a Ariel de que sería mucho más feliz en el fondo del mar. El rey Tritón quería que vigilara a su hija y Sebastián no quería decepcionarle.
Encontró una estatua del príncipe, que se había hundido en el naufragio, y con ella dio una gran sorpresa a Ariel. -¡Flounder, eres el mejor! -exclamó la sirenita-. ¡Es igual qué él! En el momento en que Ariel empezaba a imaginar una romántica escena con Eric, el Rey Tritón apareció en su gruta secreta. Al ver su colección de objetos del "bárbaro" mundo de arriba, alzó su tridente y destruyó los tesoros de Ariel, en un último intento de protegerla de los peligros del mundo de los humanos.
Feliz de ser humana al fin, Ariel se puso a mover los pies mientras Sebastián la miraba horrorizado. -Ahora mismo voy al fondo del mar a contárselo al Rey -dijo, pero cuando vio la tristeza en los ojos de Ariel, comprendió que la joven nunca sería feliz como sirena-. De acuerdo -decidió-, te ayudaré a encontrar a tu príncipe. Scuttle, su amigo gaviota, muy emocionado, le arregló un vestido, y poco después llegó el príncipe Eric, que se quedó boquiabierto al verla tan bella.
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